El titular de este artículo, seguramente, será el pensamiento que invade estos días a muchos autocaravanistas. Nuestro amigo Javier Bruna ha querido compartir con nosotros sus sentimientos durante el confinamiento y su idea de cómo preparar el vehículo para las próximas salidas.

“En plena primavera, con un sol radiante, contemplo la calle desierta, desde el balcón de mi casa. Son casi 40 días sin salir, y el aroma de la fresca mañana de abril me lleva a evocar los muchos despertares tenidos a bordo de mi autocaravana… Cuando el silencio y la tranquilidad de la acampada solo se ve roto por los pajarillos que revolotean en torno nuestro, el viento a través de las hojas de los árboles y comienza a penetrar tímidamente un rayo de sol por esa claraboya que la noche anterior se nos olvidó cerrar. Ese momento en el que el disfrute del lugar y situación te impulsa a salir de la cálida y confortable cama, para comenzar un nuevo día de acampada…”, dice.

Y continúa: “por desgracia, en el garaje de mi casa no cabe la autocaravana y la he de guardar lejos de mi domicilio, por lo que no puede acceder a ella, salvo con el pensamiento. ¡Más de 40 días sin subir a bordo de mi autocaravana!

Pero no voy a dejar que la nostalgia se apodere de mí, me he propuesto aprovechar este confinamiento para hacer sobre todo planes; muchos planes encaminados a lo que me ilusiona, la afición que me da vida, es decir, mi autocaravana y todo lo que la rodea.

En todo viaje hay tres momentos de disfrute: cuando lo preparas, cuando lo realizas y cuando lo recuerdas. Está claro que ahora no podemos realizar viaje ninguno, pero sí que podemos recordar los realizados y, principalmente, planificar los futuros. Y en esa planificación entra, por qué no, las mejoras a realizar, los cambios posibles, la reorganización de los arcones y el garaje, “que aquello parece una leonera…”.

interior-autocaravana-javierbrunaMe he plantado en mi escritorio a tomar nota de mis ideas de cara a esa reorganización de arcones y rincones de la autocaravana: notas diversas, dibujos, esquemas, para ir pergeñando poco a poco la idea, y van saliendo mejoras y nuevas ideas que me hacen pasar el tiempo de confinamiento más deprisa, al tiempo que las voy mejorando y, con ello, mi afición; búsqueda de aparatos, luces, equipamientos diversos a través de internet y paulatinamente se van materializando; unas desechadas por dificultad tecnológica, otras simplemente por coste, pero alguna si queda y encaja en tecnología, en coste y en eficacia.

Es momento de pensar en lo que haremos en cuanto subamos a bordo: por ejemplo, vaciar el agua de los tanques y proceder a su limpieza, tras tantos días sin vaciar y rellenar. Es el momento de pensar en cómo actuaremos con relación a las baterías, si es que no disponemos de sistemas de mantenimiento para evitar descarga. Es el momento de revisar el arcón de la comida para eliminar los productos caducados y/o en mal estado… En definitiva, es el momento de poner en una lista las acciones preparatorias de cara a la puesta en servicio de nuestra autocaravana tras el largo y tedioso confinamiento. Y, además, con pocos días de plazo para preparar nuestras exiguas vacaciones de verano.

Luego podemos dedicar el tiempo a planificar nuestras vacaciones próximas, aunque este año van a ser muy escuetas (me da la sensación) y, en la medida de lo posible, sin salir del país, para ayudar a levantar la maltrecha economía, al menos en lo que los autocaravanistas podemos colaborar: tiendas de cercanía, supermercados, restaurantes, gasolineras, museos, monumentos, áreas de parking, campings, etc., que no nos vendrá mal.

Esa planificación, sobre la cual podríamos dedicar varios capítulos, la centraremos principalmente en lo que hacer o visitar o ver en un determinado lugar. Es decir, dar relevancia a los hitos del viaje, sin concretar en exceso el cuándo y el por dónde, puesto que para un autocaravanista la única fecha que le ha de condicionar es la de regreso, a tenor de sus obligaciones. Y la ruta, si bien conviene tener una idea, será en el último momento cuando la decidiremos, en función de cuestiones aleatorias y siempre dispuestos a variarla, según se van desarrollando los acontecimientos.

Siempre me viene a la cabeza una anécdota vivida en primera persona, cuando tiempo atrás planificamos nuestro viaje a Eslovenia y me planteé la disyuntiva entre hacer todo el recorrido bordeando el Mediterráneo, desde Barcelona, o bien tomar el ferry en esa ciudad hasta Génova y continuar ya por carretera hasta el destino. Los costes venían a ser muy similares en ambos casos; sin embargo, optamos por el viaje por carretera por una simple razón, difícil de entender por quien no sea autocaravanista: el día de vuelta había que estar a una hora concreta en el puerto de Génova. Parecerá una simpleza, pero eso nos obligaba a estar pendientes de cosas que nos coartaban la libertad. Libertad característica del autocaravanista por la que toma sus decisiones de viaje conforme se desarrolla el día.

Y con estas reflexiones, el día va pasando y podemos decir: ¡un día menos para salir con mi autocaravana a disfrutar de la libertad, el aire libre y la naturaleza!”