Tras más de 24 horas de viaje con Singapur Airlines y Air New Zealand llegamos a Auckland alrededor de las diez de la noche. El control de aduanas y de sanidad muy ágiles, y en algo menos de una hora habíamos salido de la terminal. Para contactar con los shuttles de los hoteles del aeropuerto, hay unos teléfonos gratuitos en la terminal. Aunque tardó unos 20 minutos en recogernos, vino el mismo chico de la recepción del hotel. Para una sola noche, teníamos el Gold Star Auckland Airport ubicado a sólo diez minutos. Un pelin caro (125 NZD) pero llevábamos tal desajuste horario en el cuerpo con las comidas y las horas, que caimos rendidos pocos minutos después del check-in.

Por Nuria Pujol y Raimon Sánchez

Alquilamos una Mercedes Sprinter. Aunque no era la opción más barata, para nosotros era indispensable que pudieramos estar de pie, poder cocinar dentro, y tener wc y ducha. Y fue una excelente opción.

Auckland. Primeras horas en nuestra nueva casa

Al día siguiente, con la luz solar, vimos que el motel era un poco cutre, anticuado, sin ascensores y enfrente de un Community Center. Eso quiere decir que a las 7 de la mañana empiezan las cla-ses de zumba para los lugareños, y claro, de paso te despiertan a tí también.

El chico del hotel es un joven muy majo y a la hora convenida, nos acompaña a BRITZ. Todas las compañías de alquiler de coches y campers están juntas. La chica que nos atiende es argentina y muy maja, y después de explicarnos el funcionamiento nos propone la opción de contratar el «Quick drop off» por 230 euros que recomendamos porque puedes entregar el camper con el depósito de gasolina vacío, la bombona de gas gastada, y sin limpiar las aguas sucias, el wc químico, etc. e incluye el impuesto del Diesel, que sale a cuenta si haces más de 4000 km.

Aparte, compramos 5 GB para tener wifi durante el viaje, que ha sido más que suficiente. Antes de salir de Britz, hay unas estanterías para intercambiar libros, y una zona donde los campistas que terminan el viaje, dejan comida o productos que les sobran y que puedes coger sin problema.

En un par de horas, teníamos las gestiones hechas y las llaves en mano. Ahora sí, empezaba nuestro viaje.

PENINSULA DE COROMANDEL (94 km)

Como teníamos previsto volver a Auckland un fin de semana, dejamos lo más significativo para entonces.  Nos acercamos a los parques de las afueras, ubicados en los conos de volcanes dormidos. Pa-samos por Mount Hill que cruzamos sin poder parar porque no hay plazas de parking libres para la Camper!!.

Es domingo al mediodía y parece que toda la ciudad está en el parque paseando y tomando el sol. Así que nos vamos a Mount Eden y allí sí, encontramos un parking por lo que nos quedamos. Desde luego, las vistas desde el mirador son espectaculares.

Comemos en el Pastrami & Rye donde sirven los mejores bocadi-llos de pastrami de la ciudad. El barrio de EllersLie está lleno de bares y terrazas de ambiente hipsters y mucha gente haciendo brunch. Después de comer hacemos la primera compra en el Pack’n & Save, y salimos hacia el sur camino de la Península de Coromandel, que visitaremos al día siguiente.

El paisaje empieza a impresionarnos. El color verde de los pastos y los inmensos bosques nos acompañan desde los primeros kilómetros fuera de Auckland. Al ser la primera noche en el camper y como novatos que somos, decidimos alojarnos en el camping Miranda Holiday Park, ubicado a 30 km de la Península de Coromandel y que recomiendan en CamperMate. Pagamos por la plaza 50 NZD.

Llegamos sobre las 5 de la tarde. Nos instalamos en nuestra plaza, deshacemos la maleta ( y qué ilusión no tenerla que hacer en las próximas 3 semanas) y organizamos el equipaje, maletas, la compra y disfrutamos de las aguas termales que tiene el camping y que es una de las atrac-ciones de la zona.

Más que estresados del primer día de conducción aún llevamos cansancio del avión, por lo que las aguas a 36 y 39 grados, nos sientan de maravilla. Enchufamos la electricidad, preparamos la cenamos en horario kiwi, es decir, sobre las siete y poco después, nos vamos a dormir.

camino a waihi (340 km)

En nuestro primer desayuno, tardamos un poco en organizarnos ya que en la caravana todo está colocado en plan tetris, y para montar las tablas de la mesa tienes que desmontar la cama, girar los asientos siguiendo una secuencia, igual que fregar los platos y al final, volver a poner las co-sas en su sitio. Todo tiene su lugar exacto. Por suerte, la logística se irá agilizando a medida que pasan los días, y al final, será un trabajo totalmente sincronizado y más ágil.

Nos ponemos en marcha sobre las ocho y media hacia la Península de Coromandel por una carretera estrecha y con muchas curvas, que bordea la costa y el estuario del río Thames. Sí, literalmente bordeando, porque durante una buena parte del recorrido la carretera está a ras de agua o a pocos centímetros.

Cualquier rincón es digno de hacer fotos y paramos a menudo entre Thames y Coromandel Town. A pesar de ser la capital de la región, apenas tiene 2000 habitantes. Aprovechamos que ya no llueve para pasear por el pueblo, lleno de edificios históricos de la época del oro, que transformó la zona.

De hecho, en 1870 había más de 100 hoteles y 70 minas de oro!. Hoy día, la mayoría de tiendas son de artesanía pero están casi todas cerradas. Cosas de la temporada baja. Sacamos dinero en metálico en el Kiwi Bank, (leímos en un foro que tenía el mejor cambio) y continuamos.

Cruzamos la península por la SH25. Estamos maravillados por esos paisajes y Mercury Bay es una de las más bonitas. Aprovechando que ha parado de llover, paramos en las playas de Whitianga para comer. Aparcamos al lado de una pareja que están cocinando una enorme olla de mejillones al vapor.

Debe ser una tradición, a juzgar por los abundantes viveros del estuario y los puntos de venta en la carretera. Llevamos pocas horas de viaje pero somos conscientes que los kiwis conducen muy rápido, y en las curvas, ellos van a su aire, ni se apartan ni se preocupan.

Llegamos a la tranquila Hahei donde está Cathedral Cove. En verano debe ser una locura de gente y aparcar debe ser complicado, pero en agosto apenas hay cuatro coches en parking. Parece ser que se ha vuelto muy famosa desde que se grabó un episodio de las Crónicas de Narnia. Desde el parking hasta Catedral Cove hay una hora a pie, por un camino que combina unos metros de aslfalto, un sendero sin dificultad y unas pocas escaleras.

A mitad del recorrido pasas por el Bosque Te Wao Whakamauma, el memorial para recordar los fallecidos en la Primera Guerra Mundial. Por el mismo camino se llega a las playas de Gemstone Bay yStingray Bay aunque la más famosa es Cathedral Cove con su arco de piedra. Llegamos con la marea baja. Preciosa.

Volvemos a Hahei por el camino de la playa siguiendo las indicaciones. Es un sendero muy irregular, y como ha llovido, algunos tramos resbalan. La playa no es gran cosa, o al menos no la vemos con cariño. Será porque empieza a llover a cántaros. Empapados, llegamos al parking y reemprendemos la marcha.

Continuamos hasta la cercana Hot Water Beach famosa porque con la bajamar puedes excavar hoyos en el suelo y disfrutar de jacuzzis naturales de agua caliente. Sería fantástico disfrutar del spa natural pero sopla un fuerte viento y llueve así que desistimos. Sin duda, la playa de Hot Beach es un lugar muy bonito para pasar la noche, pero apenas son las cuatro de la tarde.

waihi-HOBBITON-ROTORUA (150 km)

Nuestro objetivo hoy es llegar a Rotorua pero en ruta pararemos varias veces. La primera visita a 20 minutos es la Garganta de Karangahake. La caminata de una hora es muy agradable ya que bordeando el río caminas por los restos de una antigua mina, un túnel de 400 metros, dos puentes colgantes y un bosque frondoso.

Son las ocho de la mañana y somos los únicos turistas entre algunas personas que caminan o corren. El silencio es casi total, solo roto por la fuerza del rio Ohinemuri. Cuanta paz para empezar el día. Durante el paseo, vemos por primera vez la famosa Silver Fearn, cuyas hojas son el símbolo de Nueva Zelanda. Cuando miras el reverso de las hojas, tienen un color más casi plateado, de ahí su nombre. Los maorís lo utilizaban como sistema de orientación en la oscuridad.

Continuamos la ruta y pasamos por Paeroa, donde nació la marca Lemon & Paeroa, una gaseosa de limón que durante años fue la bebida nacional. Aunque hoy es propiedad de CocaCola, en el pueblo hay un pequeño museo y el L&P café que a esas horas está cerrado.
Llegamos a Matamata, donde está Hobbiton. Antes del viaje habíamos leído opiniones a favor y en contra de la visita. Así que nos acercamos, desayunamos allí y lo decidimos in situ.

Teniendo en cuenta Hobbiton es el monumento más visitado de Nueva Zelanda uno se imagina una macro tienda de souvenirs de El Señor de Los Anillos, de El Hobbit, no sé, algo muy americano, pero nada de eso. Una tienda de souvenirs pequeña y una cafetería anodina, donde la única cosa que te recuerda al film es la tipografía del menú escrito en la pared. Finalmente, nos decidimos a hacer el tour y nos dan hora a las 12.15.

Tenemos que esperar más de una hora así que aprovechamos y nos acercamos a comprar cuatro cosas en el súper de Mata-mata , que está a 16 km y de paso ver la famosa casita de información turística de la ciudad, que es una casita del Hobbit. Después de la cerveza en la taberna del Dragon Verde, salimos hacia las 14.30 en dirección a Rotorua (59 km).

Por el camino, paramos en el inmenso lago Roturua que ocupa un volcán extinto y por la Ley de Murphy, mientras conducimos sale el sol y las vistas son espectaculares y cuando paramos en el lago, la niebla no deja ver mucho más.

Al llegar a Rotorua nos acercamos a los jardines del Government Garden donde destaca el edificio de estilo inglés con pista de criquet incluida, que es el Museo de Arte e Historia que está cerrado al público por trabajos de restauración. Como anécdota, es la primera vez que vemos gente en la calle paseando descalza. Lo habíamos leído pero verlo, llama mucho la atención…
Aparcamos delante de la Tama Te Meeting House, donde vemos a la comunidad reunida y no aceptan visitas. En todo el barrio, las casas son de madera y predomina el rojo. Las construcciones más interesantes son la iglesia, el cementerio y la campana comunal. Rotorua es famosa por ser una de las zonas de mayor actividad geotérmica del planeta, pero nos cansa tanto olor a azufre y tanta fumarola, así que nos vamos al camping Rotorua Thermal Holiday Park (25 NZD).

Es un camping más sencillo pero correcto y aunque tiene piscinas outdoor de agua caliente por hoy tenemos bastante agua. Aprovechamos este ratito para lavar la ropa y nos enfrentamos por primera vez a las tareas de la limpiar aguas y wc de la CamperVan. Superada la prueba, nos preparamos una magnífica cena en la barbacoa del camping.

de ROTORUA al Parque Nacional del Tongariro (234 km)

Además de ese olor a azufre y huevo podrido que caracteriza la zona geotermal, Rotorua es una de las zonas con más población maorí y por ello, uno de los lugares más turísticos de la Isla Norte.

Para conocer su cultura, se organizan visitas a las aldeas, normalmente gestionadas por las propias comunidades. La más conocida es Te Puia, pero siguiendo la recomendación de un libro optamos por visitar Te Whakarewarewa Termal Village. Nosotros pagamos 24 NZD por persona. El tour empieza a las diez de la mañana pero llevamos horas despiertos, así que aprovechamos para visitar los cercanos RedWoods Forest ubicados a unos 3 km de la aldea y de entrada libre.

Merece la pena por la densidad y la altura de las secuoyas centenarias y por ver los kauris, endémicos de la isla Norte, abetos y kapongas, el helecho de hoja plateada que es el símbolo del país.

Si ahora impresiona, hay que imaginarse que el 65% de los bosques empezaron a desaparecer con la llegada de los europeos a lo largo del siglo XIX. Realmente este lugar, en otoño debe ser un paseo espectacular. Hay rutas de varias distancias, incluso para bicis. Han construido una pasarela situada a 6 metros de altura y que discurre por 21 puentes entre los árboles. Se llama ReedWood Treeals y cuesta 25 NZD.

Al llegar a la aldea maorí, descubrimos que el nombre es un poco más largo: TeWhakarewarewa-tangaoteopetauaawahiao. El guía es miembro de la comunidad. Nos cuenta que allí viven 25 familias y se encargan de gestionar las visitas. Durante una hora y cuarto nos cuenta como viven y algunas de sus tradiciones mientras caminamos por toda la aldea.

Terminamos la visita en la sala común, donde hacen una demostración de sus bailes. A pesar de que es un espectáculo para turistas, está bien hecho, nadie saca a bailar al turista de turno, y por duración y contenido, creemos que está muy bien. El momento culminante es la haka que dura algo más de dos minutos. Nos explican durante la visita que era una danza para atemorizar al enemigo y preparar el cuerpo para la batalla. Si no quieres hacer la visita guiada, o llegas tarde puedes empezar con el espectáculo, y después pasear a tu aire por la aldea. La visita cuesta 23 euros persona.

Nos llamó la atención, en la entrada de la comunidad, el monumento a los guías turísticos maorís que desde el siglo XIX explicaban su cultura a los primeros turistas que llegaron a Nueva Zelanda y descubrimos que los tatuajes en el rostro describían la historia de cada persona, ya que es una cultura ágrafa.

Así, la mitad izquierda de la cara explica la genealogía paterna, la derecha la ma-terna, la nariz las batallas y victorias de cada persona, y la frente, su conocimiento.

A la salida de Rotorua, paramos en el centro comercial Rotorua Central Mall para comprar unas tarjetas de memoria, comer algo ligero y poner gasolina. Aquí será el lugar más barato de todo el viaje donde llenaremos el depósito, a 1.33 dólares el litro de diesel. En la Isla Sur llegaremos a pagar hasta 1.85 por un litro.Reemprendremos la marcha hacia el sur.

Estamos en mitad del pez, y es que según la leyenda maorí la Isla Norte es un pez gigante, donde la cabeza seria Wellington y la cola, el norte de la Isla, Cape Reinga. Y mirándolo bien, si que lo parece…

Desde Rotorua, tardamos unos 45 minutos en llegar a Huka Falls. Las cascadas, en realidad son unos rápidos provocados por la cercana presa, pero aprovechando que hace buen tiempo y nos viene de camino, es una parada que merece la pena. Es una visita rápida, gratuita y apenas a cinco minutos desde el parking.

Muy cerca se encuentra la zona de Cater of the Moon, un circuito de cráteres artificiales, geysers y fumarolas creados en los años 50 con la construcción de la presa. Como no habíamos leído nada sobre este lugar, nos acercamos al centro de información para ver si nos interesa, pero preferimos continuar la ruta hacia el Tongariro.

El Parque Nacional de Tongariro fue el primer parque creado en Nueva Zelanda en 1887 y el segundo del mundo, despues de Yellowstone. Impresiona visto sobre el mapa, y en directo, no te das cuenta de la inmensidad porque la naturaleza te hace sentir pequeño…

Desde la carretera vemos fumarolas de alguno de los tres volcanes activos, el Ruapehu, Ngauruhoe y Tongariro, que según leemos son muy jóvenes, sólo «300.000 años», y las vistas desde el lago Taupo son preciosas.

Es un destino muy popular todo el año para hacer deporte y rutas de uno a cinco días. Con buen clima y buena forma, uno de los mejores trekkings del mundo se hace aquí, la Tongariro Crossing de 17 km. Llueve a ratos, y cuando nos da tregua, paramos en ruta para fotografiar los arco iris.

Seguimos hasta el Kaimanawa Forest Park donde pasaremos la noche en el Waikoko Valley Campsite. En esta zona las plazas son libres. Estamos en mitad de la nada y hace mucho frío. El cielo, sin nubes y sin luna nos brinda una visión de las constelaciones y las estrellas precioso, y totalmente nuevo para nosotros en este lado del mundo.

Créditos de las imágenes: Puripat Lertpunyaroj/Shutterstock, Nuria Pujol y Raimon Sánchez