Vasta en territorio y rica en carreteras secundarias con encanto, Polonia ofrece muchas posibilidades para los que disfrutan de las grandes rutas. La más clásica y monumental es la que corre en paralelo al río Vístula, espina dorsal del país, ya que pasa por las ciudades más relevantes en la historia nacional y más ricas en patrimonio. En esta ocasión, sin embargo, nos decantamos por la franja sur: montañosa, a veces recóndita, otras industrial; folclórica, animalista… Entramos por el oeste, desde las alemanas Berlín o Dresde, y acabamos en el extremo suroriental, presentando ocho puntos clave donde hacer parada con nuestra autocaravana o camper.

Vista de Tarnów, Polonia.

Información de interés

En Polonia las autovías A1, A2, A4 y A8, son autopistas de pago, el mismo se realiza en el peaje por medio de dos sistemas:

  • Abierto: los pagos se realizan en los puntos de cobro de peaje, situados en las autopistas. El importe del pago depende del tipo de vehículo.
  • Cerrado: los pagos se realizan en los puntos de cobro de peaje, situados en las vías de acceso, en las vías de enlace, así como en la parte final de los tramos de las autopistas. El importe del pago depende del tipo de vehículo y la distancia recorrida.

Cada conductor del vehículo por encima de 3,5 toneladas o autobús independientemente de su masa total, está obligado a utilizar el sistema viaTOLL, un sistema electrónico de cobro por uso de las carreteras en Polonia que calcula la tasa en función de la distancia real de kilómetros recorridos. El viaTOLL es obligatorio para autocaravanas y tipo camper.

  • Pincha aquí para descargar el sistema viaTOLL.
  • Pincha aquí para conocer el código de circulación en Polonia.

Durante la ruta en camper o autocaravana que os proponemos existen, por la importancia de sus enclaves, multitud de áreas de servicio y campings donde poder acceder a servicios específicos como vaciado de residuales e inodoro químico, electricidad o recarga de agua entre otros. En la ficha donde ampliamos información en todos nuestros reportajes, os incluimos todas las áreas cercanas a cada punto de la ruta.

Jawor y la iglesia de la Paz del Espíritu Santo

El primero queda un puñado de kilómetros de la autovía A4. La localidad es famosa por un curioso templo protestante, Patrimonio de la Humanidad, fabricado íntegramente en madera y con unos interiores que para nada cabe asociar con la clásica sobriedad de este credo: las policromías y filigranas típicamente barrocas dominan en este templo dispuesto como si fuera una corrala de comedias.

Se construyó en 1656 tras la derrota de los luteranos en la Guerra de los Treinta Años, a los que los Habsburgo permitieron construir un puñado de templos en la Alta Silesia, siempre y cuando no utilizaran ni piedra ni clavos, y los levantaran a las afueras de las ciudades donde se les aceptaba. Obviamente no cabe alegrarse de aquel castigo, aunque sí del ingenio con el que su arquitecto consiguió pasar de apestado a creador de uno de los templos más bellos de Centroeuropa.

Si te enamoras y te quedas con ganas de más, no muy lejos, en Świdnica (una bonita población medieval), se encuentra una hermana gemela de esta, tan solo un poco mayor en tamaño y con un año menos de vida.

Iglesia de la Paz, Jawor (Polonia).

El castillo de Książ

El tercer castillo más grande de Polonia saltó a las primeras planas de los periódicos nacionales hace unos años a propósito de una leyenda que afirma que, en su subsuelo, en algún lugar aún por descubrir de unas galerías excavadas por los nazis como vía de escape y protección, se encuentra un tren lleno de oro que fue expoliado de distintos rincones de Europa.

Castillo de Ksiaz, Polonia. Foto: Miguel Cuesta.

Sea cierto o no, esta construcción a medio camino entre el castillo y el palacio, justifica la visita apenas la alcanza la vista: se levanta majestuosa sobre una colina, abriéndose paso entre un frondoso bosque que multiplica sus encantos sea la estación que sea. Apenas quedan restos del castillo original del siglo XIII, aunque sí se conservan fantásticas estancias barrocas, como la sala Maximiliana, a las que rodean unos jardines casi igual de fastuosos.

En cualquier caso, es tan grande que el recinto también da cobijo a curiosas exposiciones sobre sus habitantes además de a restaurantes, hoteles y un par de miradores que ponen la guinda a la visita.

Wrocław, la pequeña Venecia polaca

Wroclaw, Polonia. Foto: Miguel Cuesta.

Para tomar un poco de contacto con la ciudad (aprox. 600 mil habitantes), ponemos rumbo noreste para llegar a esta joya, también conocida como Breslavia, decorada con más de una centena de puentes de acero y piedra, algunos diminutos y otros mastodónticos, que permiten salvar a un río Óder que la atraviesa por mil flancos, creando bellísimas islas fluviales.

Podemos aparcar junto a la Sala del Centenario, Patrimonio de la Humanidad, cuyo jardín japonés no debería perderse nadie, ni tampoco los espectáculos veraniegos de luz y sonido de su fuente multimedia.

Wroclaw, Polonia. Foto: Miguel Cuesta.

La Sala del Centenario se encuentra, además, junto a uno de los zoos más antiguos y coquetos de Europa, tras el que hay una “playa” donde tomar algo mientras se escucha música y se contempla el centro.

Desde aquí se puede ir caminando hasta el casco viejo en paralelo al río y pasando una serie de centros de interpretación del agua inaugurados con motivo de la Capital de la Cultura Europea que la ciudad acogió en 2016. Pero esto no es más que un pequeño aperitivo para lo que viene después: uno de los cascos medievales más bonitos del país.

Bordeando Katowice: la Alta Silesia

Desde Wrocław os proponemos abandonar las carreteras secundarias por un par de cientos de kilómetros, aligerando por la autopista A4, para aproximarnos a Katowice y conocer la región minera de Alta Silesia. Es famosa, más allá de sus históricas disputas territoriales entre Prusia, Austria, Chequia y Polonia, por su actividad industrial, que aunque explotó en el siglo XIX, se remonta milenios atrás.

Interior de las minas de plata de Tarnowskie Gory, Polonia. Foto: Miguel Cuesta.

El mejor ejemplo está en las minas de plata de Tarnowskie Góry, también Patrimonio de la Humanidad, cuya visita es una experiencia de lo más refrescante. Los que prefieran quedarse en la superficie, pueden probar con la fábrica de Tyskie, una de las cervezas más populares del país, cuyas raíces llegan hasta el siglo XVII; en la fábrica “solo” se pueden visitar instalaciones originales de principios del siglo XX.

Pero Alta Silesia no es solo industria: si eres de los que se mueve mejor entre edificios nobles y elegantes, Pszczyna es una pequeña localidad que no defrauda, especialmente si se visita su palacio y jardines, de los que cabría decir son el pequeño Versalles polaco.

Tiene además a su favor la cercanía al campo de exterminio de Auschwitz, para aquellos que quieran enfrentarse cara a cara con uno de los episodios más duros de la historia de la Humanidad.

Castillo de Pszczyna, Polonia.
Parque del Castillo de Pszczyna, Polonia.

Tarnów, una pequeña Cracovia

A riesgo de que los dioses del viajar nos condenen por omitir la fabulosa Cracovia (que merece una larga parada y un artículo aparte), nos saltamos la vieja capital de Polonia para buscar un lugar un poco menos concurrido pero con sustancia. Y es que, no en vano, Tarnów es la segunda localidad de la provincia y se le puede considerar una joyita medieval, eso sí, mucho menos concurrida por las mareas de visitantes que confluyen en Cracovia.

Su pequeño ayuntamiento, como inexpugnable en medio de la plaza central, o su esbelta iglesia gótica son los hitos más evidentes, pero la localidad también ofrece un interesante pasado judío que se puede explorar a través de una ruta sobre la que pueden dar datos en el punto de información turística.

Casco viejo de Tarnów, Polonia.

Las iglesias de madera de los Cárpatos

Iglesias de madera de Cárpatos. Foto: Miguel Cuesta.

Los montes Cárpatos son testigos de uno de los movimientos arquitectónicos populares más interesantes de Europa que se materializa en una enorme cantidad de diminutos templos (católicos, grecocatólicos e incluso ortodoxos) fabricados en madera, generalmente de tejados apuntadísimos o cúpulas bulbosas, e interiores de mucho color. Las hay dispersas por toda la franja sureste de Polonia, pero también en Eslovaquia y Ucrania. Algunas de ellas son Patrimonio de la Humanidad: la mayor concentración de las de esta categoría se da alrededor del encantador pueblo de Biecz, a tiro de piedra de Tarnów.

Los que no quieran reservarse nada, pueden empezar por la mejor de todas ellas: la iglesia de San Miguel Arcángel en Binarowa; y los que quieran sumergirse un poco más por la Polonia profunda, pueden ir poniendo rumbo sur hacia otras como la también recomendable iglesia de la Madre de Dios en Owczary o la iglesia de los Santos Felipe y Santiago en Sękowa.

Parque Nacional Magurskie

El paso previo al último punto de nuestra propuesta, la remota región de Podkarpacie, se ha de hacer atravesando este bello parque nacional que se define a base de prados y enormes campos de cultivo entre montes suaves y bosques frondosos, que son el hogar de lobos y osos pardos.

Su imponente calma hace que atravesarlo sea mágico, más aun cuando se aparece de vez en cuando una nueva y radiante iglesia de madera que, da la impresión, si no está en la lista de la UNESCO es porque nunca nadie llegó hasta ella. La opción más “razonable” es atravesarlo por la carretera 993 desde Biecz, o incluso bordearlo a través de la 28, más rápido y también con buenos paisajes.

Sin embargo, los que hayan decidido adentrarse a visitar las iglesias de madera del sur y, sobre todo, los que tengan buenas ruedas, amortiguación y paciencia, pueden atreverse a hacer 10 kilómetros de pista de tierra desde la localidad de Bartne hasta Świątkowa Mała, para empaparse radicalmente de lo calmo y remoto de Magurskie.

Parque Nacional de Magurskie, Polonia. Foto: Miguel Cuesta.

Sanok, el mayor museo al aire libre del país

Ya de lleno en la región de Podkarpacie, una de las menos pobladas de todo el continente europeo, hay mucho donde elegir, aunque nos quedamos con este skansen, un concepto un tanto desconocido para nosotros pero muy popular en Polonia: una reconstrucción de un poblado tradicional a base de piezas originales que se han traído aquí al completo, como iglesias, viviendas, escuelas, molinos, talleres e infraestructuras urbanas en general.

El de Sanok es especial por su dimensión (más de una centena de construcciones de madera) y por su antigüedad (con algunas que datan del siglo XVII), lo que acaba por conformar una localidad mágica en la que transportarse al pasado.

La ruta en autocaravana o camper propuesta se puede continuar hasta el mismísimo extremo suroriental de Polonia, en la frontera con Eslovaquia y Ucrania, o hacia el norte, para conocer fascinantes ciudades como Przemyśl, Zamość o Lublin, y más allá, por los fantásticos bosques húmedos de Białowieża o los humedales de Augustów.

Sanok, Polonia.
Poblado tradicional de Sanok, Polonia.

Créditos de las imágenes: Oficina Nacional de Turismo de Polonia en España, Miguel Cuesta, miloszmaslanka