Este primer fin de semana de otoño, en que se anuncia ese “veranillo de San Miguel” con cielos soleados y temperaturas agradables, ¿has pensado en hacer una escapadita en autocaravana o camper que te haga más llevadero el cambio de estación? Si no tienes plan te proponemos que pongas rumbo a Arnedo para conocer y disfrutar las singulares fiestas de San Cosme y San Damián.

El robo de santos

fietas-arnedoAsí, desde el jueves 26 de septiembre al 2 de octubre estas fiestas, declaradas de Interés Turístico Regional desde 2003, esta localidad de La Rioja Baja, conocida como la Ciudad del Calzado, ofrece al visitante un completo programa de actos entre los que encontramos una de las tradiciones más singulares de La Rioja: El Robo de los Santos y el Rosario de la Aurora, el viernes 27 de septiembre.

Ese día toca madrugar, ya que a las cinco de la mañana los arnedanos reciben en la Puerta del Cinto, con guitarras, acordeones y “fardelejos” (el dulce típico de la ciudad) a sus vecinos de Andosilla (Navarra), que llegan a Arnedo con la intención de “robar a los santos”. Juntos cantan las “auroras” mientras se desplazan hasta la iglesia de Santo Tomás para cumplir el Rosario de la Aurora. Algo más tarde, la Iglesia de San Cosme y San Damián es el escenario de la primera misa del día, tras la que comienza, en su patio, una improvisada guerra de jotas, donde navarros y riojanos rivalizan por ver quién agrada más a los Santos que, horas más tarde, han de disputarse.

Robo de los Santos2-arnedoA las 11 de la mañana sale la procesión desde la iglesia, y en el recorrido se producen los tres intentos fallidos de robo de los Santos por parte de los navarros. Hasta en tres ocasiones un grupo de navarros toman las andas con los Santos Cosme y Damián y corren en dirección a Navarra: primero, atravesando la calle de Santa Clara; después, en la plaza de Nuestra Señora de Vico; y, finalmente, a las puertas del templo dedicado a los Santos. Y en las tres ocasiones cientos de arnedanos les bloquean el paso al grito de “¡autraño!” (a otro año). Así, al final del día, tras tres intentos de robo, los navarros regresan a casa con las manos vacías…

Pero es el resumen solamente de una de las jornadas, ya que en las fiestas de San Cosme y San Damián la tradición se combina con diversión y espectáculo, y el programa de fiestas invita a participar de múltiples actos, entre ellos las verbenas, la feria novillera, que culmina con la entrega del galardón “zapato de oro” y, sobre todo, el color especial que siempre ponen las peñas.

Y aparte de las fiestas, puedes aprovechar el fin de semana para recorrer la ciudad del calzado y Rioja Baja en este inicio de otoño, visitando el museo del Calzado Basilio García de Arnedo, un fascinante viaje que va desde los inicios del calzado, con zapatos desde el siglo III antes de Cristo, hasta la actualidad; las huellas de dinosaurios situados en las cuencas del Cidacos y Alhama, sin olvidarnos del yacimiento arqueológico de Contrebia-Leukade, a donde se accede desde Cervera.

Puedes también acercarte a Alfaro, sobre cuya colegiata de San Miguel se asienta una de las colonias de cigüeña blanca más importante de Europa (en el centro de interpretación de la Reserva Natural de los Sotos del Ebro te explicarán por qué estas cigüeñas han elegido La Rioja para pasar la mayor parte del año y conocerás la riqueza natural de esta zona).

¿Y quién fueron San Cosme y San Damián?

Cosme y Damián, hermanos gemelos de origen árabe, ejercieron la medicina de forma altruista allá por el S. III ,y se convirtieron en dos de los sanadores más populares del santoral cristiano. A los Santos Médicos, ya en el siglo VI, se les dedicó  una iglesia en Roma, popularizándose su culto en los siglos posteriores por Francia, Alemania, Polonia y España. En Arnedo, la iglesia de San Cosme y San Damián data del siglo XVI, y el cabildo de Arnedo decidió adquirir las reliquias de los santos, que llegaron a estas tierras en julio de 1566. Estos santos mártires gozaron de gran devoción entre los riojanos y también entre los navarros de la Ribera, quienes acudían a Arnedo buscando su protección.