WildKids lo forman una familia apasionada por la naturaleza, la montaña, el deporte y los viajes; una pasión que comparten con sus dos hijas. Esta familia aventurera nos relata su recorrido de diez días en camper por el elegante valle de Engadina, la vibrante Flims o el lago de postal de Walen, descubriendo algunos de los secretos mejor guardados de la Suiza más oriental. Quizá una de las zonas menos conocidas, muchas veces deslumbrada por los innumerables atractivos del país helvético. Pero la realidad es que sus paisajes y pueblos nada tienen que envidiar al resto. Los cantones de Appenzell, San Galo y los Grisones (el más extenso y menos poblado), cuentan con todos los alicientes para disfrutar a lo grande de la naturaleza en familia y son sin duda el destino perfecto para descubrir con la libertad y flexibilidad que sólo te puede dar viajar en camper. ¡Esperamos que os sirva de inspiración para vuestras vacaciones este verano!

Por WildKids

Heidis Modernos

Cada viajero tiene sus propias preferencias de viaje y un país con un patrimonio natural e histórico como Suiza tiene todas las opciones posibles a su disposición. Por ello La Oficina de Turismo Nacional, lanza la interesante iniciativa “Heidis Modernos“, en la que varios viajeros españoles recorren sus montañas y calles con el entusiasmo de la famosa niña de mofletes sonrosados con un objetivo claro: que luego te lo cuenten. Unos de estos Heidis Modernos son la familia WildsKids, que en esta guía te cuentan su historia por el país alpino y de la que se puede escuchar su podcast.

Día 1: Llegada a Zúrich, recogida de la camper y traslado a Appenzell

Nuestro recorrido comienza en el pueblo de postal de Appenzell, junto al que se levanta el impresionante Säntis, desde cuya cima es posible divisar de un solo vistazo hasta 6 países diferentes. Y continúa hacia el Alto Engadina, ya en el cantón de los Grisones, donde la naturaleza salvaje del macizo del Bernina, en el corazón de los Alpes orientales, se conjuga con las elegantes poblaciones de St. Moritz y Pontresina y los numerosos remontes que por todo el valle hacen de la montaña un juego de niños.

Apenas un par de horas de avión y ya estamos en Suiza listos para recoger la furgoneta camper de alquiler que será nuestro hogar con ruedas para los próximos 10 días; una Volkswagen California nueva y totalmente camperizada con la que nos disponemos a descubrir los encantos de la parte más oriental de Suiza.

Nuestra primera parada es Appenzell, un pueblo de postal salpicado de típicas casas de madera con bellas fachadas pintadas. Aprovechamos la visita para acercarnos a la estación de trenes y hacernos con la Junior Card, que nos será muy útil en los próximos días, antes de dar un agradable paseo por sus calles para disfrutar de la artesanía de la región, y terminar el día degustando un tradicional cordon bleu en el restaurante Gasthaus Krone para coger fuerzas para lo que está por venir.

Esta región es una de las más bonitas de Suiza, de suaves colinas y donde se conservan antiguas tradiciones y costumbres. Una zona muy rural con infinidad de opciones para hacer excursiones en familia. El pueblo de Appenzell es de visita obligada, parece sacado de un cuento con sus típicas casas de madera y fachadas pintadas de color es. pernoctamos en el Camping Jakobsbad en Gonten, con precios desde 25 euros la noche.

Día 2: Descubriendo la región de Appenzell

Empezamos el día con un plato fuerte: la subida en teleférico a la cima del Säntis, la montaña más alta del cantón de Appenzell. Desde la cima, en un día claro, es posible ver hasta seis países, pero hoy el tiempo anda revuelto. Aun así, las vistas son de vértigo y la colección de minerales y la exposición interactiva sobre el clima de la estación superior son el complemento perfecto a la visita.

De regreso a Schwägalp, de donde parte el teleférico, completamos la mañana recorriendo el Naturerlebnispark, un espacio natural con sencillos senderos temáticos perfectos para disfrutar en familia entre vacas, cabras y alguna marmota chillona, y la visita a la quesería de Schwägalp, para conocer más acerca de la elaboración del queso de la zona… y por supuesto también degustarlo.

Después de una mañana de lo más completa, regresamos al camping Jakobsbad, ubicado en el lugar perfecto para explorar la región y con varias atracciones para los niños a tiro de piedra, como el «Barfussweg»: un divertido sendero que nos invitan a recorrer descalzos y que, pasando por el mismo camping, va desde Gontenbad hasta la estación de trenes de Jakobsbad, donde además del teleférico a la cima del Kronberg y un enorme parque de aventuras, encontramos un tobogán alpino por el que no dudamos en lanzarnos montaña abajo para acabar el día a lo grande.

Día 3: En ruta hacia Pontresina

Dejamos atrás Appenzell para poner rumbo a la región de los Grisones bajo la lluvia a través del impresionante paso de Julier. Hoy el tiempo aconseja quedarse abajo en el valle. Por suerte al viajar en camper podemos cambiar de plan fácilmente y decidimos aprovechar para planear los siguientes movimientos, aprovisionar la nevera de la furgoneta en el supermercado Coop y rellenar nuestra snack box de la Gran Ruta de Suiza: un recorrido por las carreteras más espectaculares del país que estamos siguiendo en parte.

Existen más de 40 lugares donde puedes rellenar hasta arriba tu caja con productos locales. Solo por eso ya merece la pena el recorrido. Pasamos la tarde paseando por el pueblo alpino de Pontresina, donde visitamos el encantador jardín de hierbas Ricola (en la entrada hay un buzón con las instrucciones de un juego y ¡caramelos gratis!) y saltamos de árbol en árbol en el parque de aventuras Go Vertical.

Desde aquí también se pueden alquilar bicicletas y hacer alguna de las rutas para toda la familia que recorren el valle. Pero ya va siendo hora de poner rumbo al espectacular Camping Morteratsch, uno de los situados a mayor altitud de Europa, para pasar la noche en nuestra camper rodeados de impresionantes montañas. Hay que descansar porque los próximos días van a ser muy intensos.

Día 4: Descubriendo el valle de Engadina con St. Moritz y Muottas Muragl

Todavía con los últimos coletazos de la tormenta, comenzamos el día visitando la elegante St. Moritz donde damos un agradable paseo alrededor del lago, para luego acercarnos a almorzar a las orillas del Lej Marsch, un pequeño lago de montaña al que se llega con facilidad y en el que es posible, si el día acompaña, hacer una barbacoa o darse un chapuzón. El tiempo al fin ha mejorado algo y ya va siendo hora de moverse hacia las alturas. Nuestra excursión de hoy es el sendero panorámico de Muottas Muragl.

St. Moritz suele estar asociado al lujo y la exclusividad, aunque su verdadera riqueza se encuentra en su entorno. St. Moritz es la cuna del turismo de invierno, además de ser el escenario de dos juegos olímpicos de invierno, y no es por casualidad. Merece la
pena dedicar una mañana o una tarde a recorrer tranquilamente su hermoso lago en el que navegan pequeños barcos a vela durante el verano y se juega al polo y se hacen carreras de caballo en su superficie.

Día 5: Excursión al Diavolezza y subida al refugio Boval

Mirador de Diavolezza.

Después de la tormenta siempre llega la calma y al fin hoy el día ha amanecido radiante. Comenzamos la jornada por todo lo alto, tomando el teleférico de Diavolezza que en apenas unos pocos minutos permite alcanzar los 2.973 m de altitud. Las vistas panorámicas sobre el Piz Bernina, la montaña más alta de los Alpes orientales, y el glaciar de Morteratsch y de Pers son de las que no se olvidan fácilmente. Desde la estación superior, donde hay una terraza panorámica, un restaurante, un hotel y con un poco de suerte toneladas de nieve en pleno verano con las que poder hacer un muñeco de nieve, decidimos subir al Sass Queder a 3.065 m.

No todos los días se tiene a tiro de piedra un tresmil y en apenas media hora alcanzamos la cima, donde además de una espectacular vista de 360º sobre el lago Bianco y el macizo del Bernina, encontramos una parrilla para hacer una barbacoa. ¡La más alta de toda Europa! Todavía queda mucho día por delante y de nuevo en el valle ponemos rumbo a nuestro siguiente objetivo: el refugio Boval, al que llegamos tras 3 horas de tranquila caminata por la morrena lateral con increíbles vistas sobre el glaciar de Morteratsch. ¡Justo a tiempo para la cena! Si los niños están acostumbrados a caminar por montaña se puede ir y volver en el día.

Pero mucho mejor si te puedes alojar en el refugio, compartir cena y anécdotas con otros montañeros, dormir en literas y disfrutar con calma del sol poniéndose tras las montañas. Dormir en un refugio de montaña de pequeño es una de esas experiencias que se quedan grabadas para siempre en la retina, y en Suiza, más que en cualquier otro lugar, las familias son más que bienvenidas y su presencia es habitual en los refugios. Sin duda el final perfecto para un día de lo más completo.

Refugio Boval.

Día 6: En ruta hasta Flims a través del Parc Ela

A las siete tomamos el desayuno y con las primeras luces del día bañando los glaciares del Bernina comenzamos a descender. Pero esta vez nos dirigimos al fondo del valle para recorrer la senda del glaciar de Morteratsch. Ha salido de nuevo un día perfecto en los Alpes y no hay tiempo que perder. A lo largo del amable recorrido, que incluso es posible recorrer en bicicleta, impresiona ver los distintos paneles que indican hasta donde llegaba el glaciar en el pasado.

Comuna de Flims.

Es hora de moverse a otros destinos, pero antes de abandonar definitivamente la zona tenemos un asunto pendiente: subir al teleférico de Corvatsch, uno de los imprescindibles de la región de los Grisones. Desde la estación intermedia de Murtèl se obtiene una de las mejores panorámicas de la sucesión de lagos que engalanan el Alto Engadina. Desde aquí también parte el «Corvatsch Panorama Trail», una espectacular ruta para todos los públicos que recorre el valle hasta la estación de Furtschellas, a medio camino entre la cima rocosa del Corvatsch y el lago de Silvaplana.

Pero no hay tiempo para más y nos tenemos que conformar con un paseo por los alrededores de la estación, un almuerzo con vistas y unos cuantos juegos en un parque infantil a 2.700 metros de altitud, que tampoco está nada mal. De nuevo al volante de nuestra camper abandonamos definitivamente Engadina para adentrarnos, a través del Albula pass, en el Parc Ela, un singular espacio natural repleto de alicientes para toda la familia. Las visitas al encantador lago de Palpuogna, el singular viaducto de Landwasser o las impresionantes gargantas de Viamala marcan el final de un nuevo día inolvidable por los Alpes suizos.

Día 7: Descubriendo Flims

Despertamos en el Camping Flims con energías renovadas y dispuestos a descubrir el «Swiss Tectonic Arena Sardona», una sorprendente formación geológica declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Desde el dinámico pueblo de Flims optamos por tomar el telesilla hasta la estación de Naraus y continuar a pie por una sencilla senda que a media ladera y casi sin apenas darte cuenta te lleva hasta la gran llanura sobre la que despuntan los impresionantes cortados en forma de sierra de Tschingelhörner.

Por si fuera poco, para completar la excursión, desde este punto iniciamos una de las rutas clásicas de la zona: el Trutg dil Flem, un recorrido descendente de unos 8 km que acompaña al río Flem desde sus inicios en una espectacular cascada, hasta Flims, a través de gargantas y pastos alpinos. Imprescindible. Una excursión de diez se merece un descanso a la altura. Así que tras regresar al camping y disfrutar un rato de todas sus zonas de juego, nos dirigimos hacia Caumasee, un precioso y popular lago de montaña de aguas turquesas situado justo al lado de Flims. Sin duda una refrescante guinda para acabar el día.

Día 8: En ruta hacia Walensee con parada en Heididorf

Hoy nos espera un día de cuento. Nos despedimos de Flims y ponemos rumbo a Maienfeld, donde se encuentra Heididorf, ¡el auténtico pueblo de Heidi! Rodeados de un entorno de postal, a apenas 5 minutos en coche de Liechtenstein, en Heididorf los niños pueden disfrutar de los animales y conocer un poco más la historia de Heidi y el resto de personajes de la novela.

Pueblo de Heididorf.

Pero principalmente Heididorf es un interesante museo etnográfico que te invita a viajar al pasado para descubrir cómo era la vida en los Alpes a finales del siglo XIX y conocer los orígenes de la más famosa de las creaciones de la suiza Johanna Spiry. Tras esta didáctica visita decidimos hacer como Heidi y poner rumbo a las montañas a través del Heidiweg, un sendero temático que parte del mismo pueblo y que con la ayuda de 12 paradas te guía a través de los paisajes de la novela, hasta alcanzar finalmente la verdadera cabaña del abuelo, donde te puedes tomar un merecido refresco con vistas a los Alpes.

De nuevo en la carretera, continuamos camino hacia el cantón de San Galo, donde nos espera nuestro último destino, no sin antes hacer una pequeña parada en Flumserberg para lanzarnos por su tobogán alpino de 2 km de longitud. Un buen aperitivo para comenzar a descubrir el entorno de Walensee.

Lago de Walen.

Día 9: Descubriendo el Walensee

Después de unos días intensos toca despedirse de Suiza con calma disfrutando de los encantos de Walensee y las comunas de Weesen y Amden. La primera parada es Betlis, a la que hay que acceder por una estrecha carretera con el tráfico regulado, excavada en la base de uno de los enormes acantilados de defienden la orilla norte del lago de Walen. Desde Betlis comenzamos el día por la sencilla y cómoda excursión que se dirige, a través de un encantador paisaje rural, a la base de una de las cascadas más altas de Suiza siguiendo un mapa del tesoro con la ubicación de distintos cofres escondidos a lo largo del camino.

Aunque las verdaderas recompensas son las vistas sobre la cascada y el lago. El botín lo completamos bañándonos en el lago y comiendo riquísimas especialidades locales en el restaurante de Betlis. Para hacer la digestión nos subimos en telesilla desde Amden a Mattstock, donde además de las vistas del valle y el lago, comienza la Munggeweg, una de las divertidas sendas temáticas para toda la familia que puedes encontrar por toda Suiza.

Siguiendo las indicaciones van apareciendo a nuestro paso retos y juegos para los más pequeños. Son 3,5 km que pasan volando, pero ya es hora de regresar al tranquilo Camping de Amden para pasar nuestra última noche, no sin antes acercarnos en apenas 15 minutos andando desde el camping al mirador de Chapf y su espectacular vista sobre Walansee y los Alpes. Sin duda un inmejorable lugar para acabar un viaje en camper y en familia por el siempre sorprendente país de Heidi.

localidad de Walensee.

Día 10: Volvemos a casa

Toca despedirse de este pequeño gran país y si hay algo que nos gusta de Suiza, es que la naturaleza y el deporte al aire libre es algo que se vive y se mama desde bien pequeño. Durante nuestro viaje en camper por la parte más oriental de Suiza no dejamos de cruzarnos con familias y grupos de niños haciendo todo tipo de actividades en la montaña. Y esto no es algo que se consigue únicamente por vivir en un entorno montañoso.

Es cierto que las montañas de Suiza por sí solas están repletas de alicientes, pero también es cierto que allá a donde vayas hay innumerables servicios y actividades pensadas para los más pequeños. Las rutas temáticas para niños son un buen ejemplo de que con muy poco se puede conseguir mucho. Nuestro vuelo sale a mediodía, así que a primera hora devolvemos la camper y nos dirigimos al aeropuerto de Zúrich. Aquí vale la pena comprar en el supermercado Migros, un piso por encima de la zona de facturación, chocolate y quesos. Su marca de chocolate Frey es realmente buena y la selección de quesos espectacular.

Hemos pasado diez intensos días en familia recorriendo en camper la parte más oriental de Suiza. Y nos volvemos con la sensación de que podríamos haber estado 100 días más y aún nos faltarían días para descubrir todos los secretos que esconde este país.

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Créditos de las imágenes: WildKids